Una vecina seguía cada brinco de sus hijos en la vereda de su vivienda. “Salieron como perritos afuera; están adentro de la casa todo el día. Vivimos encerrados”, remarcaba. La mujer fijaba su mirada también en las esquinas de la cuadra, en la calle 9 de Julio al 2.400. En un lado, estaban los agentes de la Policía Federal (PFA), armados, cerrando el paso de peatones y de vehículos. En el otro, los policías de la provincia ubicaban las manchas de sangre y las vainas, tras el tiroteo mortal.

Una rato antes, un joven, de 20 años, había recibido cuatro disparos en un enfrentamiento a tiros con un agente de la fuerza de seguridad nacional, lo que le provocaría la muerte. La Policía identificó al muchacho como Jorge Ramiro Núñez, quien residía a una cuadra del lugar del hecho, según fuentes policiales. El fallecido, junto con un compañero, habrían intentado robarle la moto al federal en plena calle, en la zona del barrio Diza, en el sur de la ciudad. De acuerdo a los primeros datos, alrededor de las 15, el hombre, de 50 años, regresaba a su casa en la motocicleta, tras prestar servicio en el edificio de la Justicia Federal, ubicado en calle Las Piedras y Congreso. Los dos jóvenes, que también se movilizaban en motocicleta, lo interceptaron y lo amenazaron con un arma de fuego para robarle.

El agente había detenido su moto, al recibir una llamada en su celular. Ahí, fue sorprendido por los dos desconocidos, pero se resistió. Rápido, se identificó como federal y sacó su arma de fuego reglamentaria. De inmediato, comenzó el tiroteo. Los atacantes se replegaron en medio de la balacera e intentaron huir por la 9 de Julio, hacia el sur. El agente hirió a uno de los atacantes, quien cayó en la vereda de enfrente, entre dos postes de luz pintados de verde en la base.

ZONA CERRADA. El hecho se registró en calle 9 de Julio al 2.400, en la capital.

De un momento a otro, los familiares del muchacho se presentaron en el lugar, casi al mismo tiempo que los policías del servicio 911 y de la seccional 9ª. El grupo de parientes arremetió contra los uniformados y les exigió que llevaran al herido de urgencia a un centro sanitario. Así, con sangre en el torso y en el rostro, según las descripciones de testigos, los oficiales subieron al muchacho a una camioneta oficial y lo llevaron al hospital Padilla, donde llegó sin vida.

El informe médico confirmó que el joven presentaba dos heridas de arma de fuego en tórax, otra en la espalda y una cuarta en el antebrazo derecho.

El federal se presentó después en la comisaría para relatar lo sucedido. Contó que familiares del herido lo habían amenazado e intentado agredir, por lo que decidió retirarse del lugar. También se supo que en la trifulca se habrían llevado la moto del agente, que fue recuperada posteriormente a 300 metros del sitio del enfrentamiento.

Huida y captura

El otro joven, supuesto cómplice del muerto, logró huir en la moto, al parecer, sin lesiones, en medio del desorden y la camorra de los familiares, relataron fuentes cercanas al caso.

Unas horas más tarde, efectivos de la Novena y de la División Homicidios lograron aprehender al segundo sospechoso del intento de asalto. “Se trata de un joven, de 23 años, que ya fue puesto a disposición de la Justicia”, detalló Manuel Sosa, jefe de la Unidad Regional Capital (URC).

En plena siesta, sólo se escucharon los disparos. Los vecinos comenzaron a salir de sus viviendas al notar la llegada de los móviles oficiales. “Estábamos llenando la pileta y teníamos la radio prendida. A la siesta no hay un alma en la calle. Escuchamos alrededor de cuatro disparos, pero no salimos de la casa”, contó Ester, una mujer mayor que vive en la zona. “Son las siete de la tarde y la gente ya no sale por la inseguridad”, añadió.

“Salimos porque estaba la policía”, acotó Sofía, una joven que charlaba con sus vecinas.